
No sé quién eres; no dices nada. Todas las noches el timbrazo me vuela de la cama y me desvelo y blasfemo a Dios; y trato de arrancarte una palabra pero me canso y te cuelgo. Me levanto y cierro con llave la puerta de la casa.
Te veo con problemas, esperando como cada noche y cada día.


